martes, 27 de diciembre de 2011

¿Salvará a la UE un rediseño? Se creará la élite de los países más fuertes

  
  En varias ocasiones y así consta en los archivos de este blog, he expresado que la asimetría económica, social y cultural de los países de la Unión Europea hacían de esta entidad multifronteriza un problema para su estabilidad económica y política.
  De hecho, las crisis que la han sacudido (que se han vuelto cíclicas) ha sido el motivo de que  muchos ciudadanos europeos se desencanten o se vuelvan escépticos ante un futuro no muy halagador de la Unión,  a pesar de que han visto cómo sus líderes entre ellos Sarkozy y Merkel hacen esfuerzos ciclópeos para mantener con vida la zona euro.
  Ahora la situación de la zona euro es incierta.  Pero muchos europeos no se dan cuenta de que la crisis no empezó ahora, sino desde su misma creación: sus lídres no fueron previsores en cuanto a la convergencia de las economías débiles junto con las fuertes de sus países y los problemas que acarreaba que a la postre se convirtieron en asimetrías que ahora son difíciles de superar, a menos que sean con procesos traumáticos y de mucho sacrificio para sus ciudadanos como son los casos de Grecia e Italia.
  Otro de los males desde su inicio fue la entrada de países que no estaban preparados para las expectativas de la Unión.  Existen economías europeas que son muy difíciles de atar con las normas del Banco Central Europeo, la Comisión Europea o del Pacto de Estabilidad.  Ahí es que está el problema: crear un mecanismo eficiente, casi sagrado para que los países miembros ajusten sus presupuestos de manera armonizada y conjunta así como una severa disciplina fiscal que no afecte sus respectivas soberanías.
   Ante un cielo nublado y sin estrellas,  el directorio franco-alemán que lidera la Unión Europea han forzado para que ocurra el llamado Acuerdo Internacional para Reforzar la Unión Económica  que busca entre otras cosas el reforzamiento de la disciplina presupuestaria entre los paíes miembros,  en el cual todos los Estados se comprometen a tener un presupuesto equilibrado, donde los gastos no pueden superar los ingresos, o con superávit.
   Sin embargo el acuerdo admitirá excepciones  como la situación económica en que se encuentre un país o los periodos de profunda recesión económica. Estas reglas deberán aprobarse en las constituciones de cada país y es llamada por los líderes europeos como la "regla de oro·.
   Este acuerdo constituye un rediseño económico de la Unión, no así de actitudes o gobernanzas tradicionales que posteriormente se constituyen en déficits que es donde está el problema medular.  Sin embargo, y sin constituirnos en euroescépticos vemos en lo adelante un nuevo fracaso en este rediseño.
   Al final del camino, se prevé una Unión Europea que estará sólo formada por los "países más  fuertes", aquellos que han logrado autodisciplinarse y de carácter excluyente rodeada de antiguos miembros con las que tendrá que lidiar con un rediseño que marcará la economía del futuro.
   









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