viernes, 6 de agosto de 2010

Los diamantes de sangre

Los diamantes de sangre
Charles Taylor, ¿Único culpable?

Siempre he creído las historias de las atrocidades de Charles Taylor y de otros líderes africanos, algunos de los cuales han sido juzgados o están siendo buscados para que respondan por sus crímenes contra la humanidad en la Corte Penal Internacional; pero lo que no se ha discutido ciertamente es el comercio ilegal de diamantes, financiador y potenciador de guerras fatricidas que han costado miles de vidas humanas y sus cómplices.
Algunos se preguntarán ¿Cuáles cómplices?, la respuesta es el comercio y el afán desmedido de compañías y empresas que comercian con artículos de lujo. No haré mención de nombres, pero sí de aspectos negativos del comercio de estas piedras preciosas en países hambreados como los de Africa.
Ya es bastante conocido el hecho de que Jonas Savimbi por ejemplo, obtuvo mucho más dinero para su guerrilla fratricida y sangrienta en Angola que el dinero que le envía Estados Unidos para su apoyo.
En el caso de Liberia, país que gobernaba Charles Taylor, el tráfico con los diamantes comenzó en los años noventa, y el tráfico ilegal de esta piedra preciosa permitió que armara su llamado “Frente Unido Revolucionario” responsable de crímenes de guerra y contra la humanidad, hechos por lo que está procesado actualmente en el Tribunal Especial de la ONU para Sierra Leona.
Sin embargo, hay aspectos que nunca se tocan ni se tocarán por los intereses multimillonarios de la industria del lujo.
Las guerras y la herencia de maldición de algunos países africanos, es el círculo vicioso de la codicia y avaricia de sus dirigentes para esquilmar los grandes recursos naturales de sus países en su provecho, pero existen industrias que se aprovechan de ese caos y se convierten en cómplices.
Para comprobarlo nada más hay que ver los escaparates de las tiendas de lujo de New York, Londres, París y de otras grandes ciudades llenos de joyas con diamantes, llamados acertadamente diamantes de sangre por sus altos costos en vidas humanas, mutilaciones y sufrimientos.
La avaricia de estas industrias no se acabará. Las exigencias de la industria del lujo no lo permiten, por eso los países productores de diamantes que desde el año 2000 han aceptado el llamado Proceso de Kimberley, por medio del cual se certifican los “diamantes limpios” que no son producto del tráfico ilegal ni del saqueo de las guerrillas ha fracasado.
Era obvio el fracaso si tomamos en cuenta que el negocio de tráfico ilegal de diamantes es el segundo crimen internacional más lucrativo después del narcotráfico: sólo en el año 2000 los rebeldes de UNITA (en Angola) lograron controlar 228 millones de euros en diamantes.
En ese sentido, los esfuerzos por juzgar a Taylor y otros criminales de guerra en África son relativamente efectivos, porque después vendrán más líderes codiciosos alentados por una industria internacional que los corrompe.