viernes, 5 de noviembre de 2010

China: ¿Economía o derechos humanos?

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Debemos poner fin a la práctica de considerar crímenes a
las palabras.
Liu Xiaobo, disidente chino, ganador del
Premio Nobel de la paz en Carta 08.


Es innegable la influencia económica mundial de China para evitar un posible acoso multilateral respecto a su situación interna de violaciones a los derechos humanos, la restricción del libre acceso a la información que sufren sus ciudadanos y las profundas desigualdades que afectan a sus ciudadanos.
Siempre he opinado que la economía China tan elogiada, considerada como la segunda mundialmente, no ha sido capaz de promover el desarrollo humano. Su sociedad tiene todavía carácter feudal no obstante el avance de su tecnología e infraestructura de megaciudades, por eso que considero a ese país como una gran paradoja: un gigante económico con una economía que no es enteramente capitalista ni comunista, sino un híbrido cuyos resultados están por verse a pesar de los resonantes “éxitos” que han logrado los chinos en materia económica.
Sin embargo, lo más preocupante es la incapacidad demostrada por los organismos multilaterales para imponer una condena a China por sus recurrentes violaciones a los derechos humanos. Las presiones extranjeras para que revalúe el yuan, peticiones internacionales para la liberación del disidente chino encarcelado Liu Xiaobo que el 8 de octubre fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz, y hasta demandas de antiguos altos funcionarios del Partido Comunista Chino no han valido para que el gigante asiático cambie de actitud.
Existe una especie de “apatía” de parte de la Unión Europea y de los Estados Unidos en señalar y condenar a China como país violador de los derechos humanos, la razón es evidente: la creciente influencia económica de ese país que a manera de chiste varios han expresado que principalmente los estadounidenses le deben a los chinos hasta el aire que respiran, por la deuda que ya ha adquirido de proporciones astronómicas.
El caso de China y Estados Unidos es digno de análisis en el contexto diplomático, militar y económico del mundo de hoy: únicamente los préstamos de China han evitado una hecatombe en los déficits estadounidenses y los consumidores de ese país cada día ven productos made in China. Este es el factor que impide que el abanderado de la democracia mundial y que expide certificaciones a los países que avanzan o no mantenga una actitud de paños tibios con el gigante asiático.
No obstante, el Premio Nobel con su prestigio, al premiar al disidente Liu Xiaobo ha dado un paso importante al hacer que el mundo exija a los dirigentes del Partido Comunista Chino mayor libertad para su pueblo. Son precisamente instituciones internacionales de prestigio y grupos de presión tanto externos como internos motivados por la grave desigualdad social que motorizarán los cambios y la apertura de la sociedad china que avanza rápidamente.
Por eso es que opino que las instituciones multilaterales como la Organización de las Naciones Unidas (ONU) han fracasado en su lucha global por los derechos humanos y exigirle a China las libertades propias de un país del siglo XXI.