lunes, 20 de diciembre de 2010

El Premio Nobel: Una silla vacía para China

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La opinión mundial favorable a la concesión merecida del Premio Nobel de la Paz a Liu Xiaobo demuestra que el cerco a la familia del premiado, la amplia censura orweliana y el cabildeo para evitarlo por parte del China no han sido efectivas en la actual Era de la Información.
Las autoridades chinas con el Partido Comunista a la cabeza, al parecer no han entendido el signo de los tiempos algo usual en los regímenes totalitarios.  Sin embargo la situación de ese país es sui generis: predica la modernidad,  enarbola los superavits económicos, el amplio crecimiento y la relativa apertura económica a los mercados mundiales, sin embargo sus métodos para la restricción de la libertad de sus ciudadanos y la intolerancia exhibida todavía datan de épocas oscuras de la historia.
La silla de Liu estaba vacía en la ceremonia en Oslo.  Desde 1935 luego de la prohibición de la Alemania nazi  a que el pacifista Carl Von Ossietzky se presentara a recoger el prestigioso premio en reconocimiento a la paz mundial, no ocurría este inadecuado suceso negativo que sólo China ha podido rememorar.
No obstante, no era la silla de la ceremonia del Premio Nobel de la Paz en Oslo que estaba vacía, sino la silla de la tolerancia en China, un país donde disentir en lo más mínimo del gobierno  puede llevar a la cárcel a cualquier ciudadano o que lo encierren en un establecimiento siquiátrico.
Es previsible que las reformas sociales en China van a ser llevadas a cabo por su propio pueblo  que al final resistirá el cerco orweliano de sus autoridades y desde el exterior por presiones de grupos de la sociedad civil internacional organizada.
Ya he escrito que la efectividad de la presión de los cambios en China no provendrá de los organismos multilaterales ni de las demás potencias que tienen un "acuerdo de no agresión moral" lo que significa no tocar el asunto de los derechos humanos, a cambio del mercado chino o de cualquier medida económica contra un país que tome el "gigante asiático".
Entre las protestas de la actitud intolerante de las autoridades chinas, pude observar a las potencias y a un mundo "civilizado" en silencio.  Las protestas provienen del mismo pueblo chino que exige más libertad, (muchos de los cuales han escrito a este blog desde el exterior) y de instituciones prestigosas como  el Premio Nobel, así como una sociedad civil compuesta por grupos y organizaciones que no han tranzado sus ideales a cambio de bonos en el mercado o intercambios comerciales.
La silla para la libertad y la tolerancia espera.  El Nobel es al paciente y sufrido pueblo chino que aun tiene sus gulags en pleno siglo XXI:

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